la mafia no descansa

San Martín, La Imaginación, y la Historia

Publicado: 2012-07-30

Montado en su caballo, sobre el pedestal de la plaza  que lleva su nombre, en la otrora ciudad de los Reyes de Lima, San Martín ha visto de todo: charlatanes, mendigos, lustrabotas, canillitas, obras de teatro callejero, niños inhalando terokal. Ha visto gente orinando en su monumento; ha sentido deposiciones de paloma en su cabeza. Y ha permanecido impasible todo el tiempo. Ha escuchado también, algo más recientemente, historias de los desaparecidos en la ultima guerra, ha visto a sus familiares portando sus fotos, haciendo vigilias con esperanzas de encontrarlos vivos. Ha visto cómo hombres y mujeres lavaban  banderas que, él  cree, guardan cierto parecido con las que soñó hace casi dos siglos en Paracas  (según reza la leyenda) para quitar las manchas de la patria.

Hace poco, unos jóvenes, airados, hicieron en su pedestal  unas pintas con  rojo, en protesta contra el gobierno  y en solidaridad con los campesinos de Cajamarca que defienden sus lagunas con el lema: “Agua sí, mina no”. El héroe presenció la conmoción, vio como apresaban a los jóvenes, y se indignó ante las historias de la prensa;  voceros oficiosos rasgándose las vestiduras porque alguien ensuciara su pedestal, pero callando cuando la sangre corría en Cajamarca: cinco vidas cegadas por bala de policía, un niño entre ellas.  Peruanos matando a peruanos. Entonces, no pudo más. San Martín, indignado (y sin saber cuán de moda estaba esta palabra)  dejó su compostura hierática, saltó de su caballo y,  sable  en mano, se unió a los que pintaban su monumento para plasmar una histórica consigna: “Conga no va”, escribió, usando el arma como bolígrafo. Sin caballo y desarmado, San Martín se convirtió en cualquiera de nosotros.

Esta historia, estimada lectora, estimado lector, no la he leído en los archivos, ni la inventé yo. Me la han contado los dibujos de talentosos artistas que plasmaron así  su versión de los acontecimientos del día 12 de julio próximo pasado, mes de la patria, en aquesta ciudad que por un breve tiempo, el tiempo de San Martín, se llamó la Ciudad de los Libres (eso sí, las partes más antiguas de la historia las vio esta cronista). El arte hizo hablar al héroe apacible.  El bronce se tiño de rojo, pero no el de la muerte, sino el de la vida. La sangre de la palabra, la que pide justicia. Por un breve tiempo, la historia dejó de estar congelada en sus monumentos.

Plaza San Martín, Lima 26 Agosto 2011 (Foto C. Méndez)


Escrito por

cecilia méndez

Soy historiadora, enseño en la Universidad de California, en Santa Bárbara, donde paso 9 meses al año y los 3 restantes vivo en el Perú.


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Un mar apenas

Un blog de Cecilia Méndez